“Viacrucis viviente en cuerpo y alma.”
A través de quince estaciones, la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección de Jesucristo se despliega en un recorrido que transforma la vía pública en un escenario sagrado. No se trata solo de representar, sino de revivir el momento en que Jesús es apresado, juzgado y condenado a la cruz.
Cada estación marca un paso determinante: la condena inicial, el encuentro con su Madre, las caídas bajo el madero y el auxilio del Cirineo... un camino de sacrificio que culmina en el monte Calvario.
La historia, conocida por todos, se hace presente en cada gesto: en el silencio de los soldados, en el peso real de la cruz y en la mirada de un pueblo que acompaña al personaje mas importante de la humanidad con profunda fe y devoción.
Es un relato que no necesita explicación adicional porque resuena profundamente en la memoria y en la fe de quienes participan, convirtiendo la calle en un espacio de reflexión y encuentro espiritual.
En este proyecto no solo encarné a Jesucristo, sino que asumí el rol de director y productor. Mi labor comenzó mucho antes de la primera estación: supervisé desde el vestuario de los soldados y la utilería hasta el realismo de la sangre y los latigazos, buscando que la inmersión fuera total para el público.
Mi preparación fue física y espiritual. Para habitar el personaje, cargué una cruz de 60 kg durante todo el recorrido, caminé descalzo y fabriqué mi propia corona de espinas. Cada detalle, desde la selección musical hasta las reflexiones redactadas para cada estación, fue pensado para que la Pasión no fuera solo una obra, sino un encuentro vivo, creando atmósfera avivada por la música y los rezos, haciendo que los fieles se sumerjan por completo en la solemnidad del Viacrucis
en el que dejo ser actor para convertirme en instrumento de Dios.
Fotografía tomada durante la presentación del Viacrusis nocturno
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