“Te llevo en mi mente a ti, Yiné"
Soy un hombre divertido es un vibrante homenaje musical al merengue dominicano, una puesta en escena donde el ritmo caribeño sirve de telón de fondo para explorar las situaciones más hilarantes y cotidianas de nuestra vida actual.
La trama gira en torno a la joven y hermosa Yiné, quien se encuentra en el centro de un torbellino sentimental. Por un lado, su pretendiente contemporáneo, Kike Regueton, representa la energía de la nueva era; por el otro, surge un rival inesperado presentado por el carismático 'Orlando Salivita'.
Este nuevo contendiente es Ramón Anaxímenes, un hombre de 56 años que, desafiando las barreras del tiempo, está completamente decidido a conquistar el corazón de Yiné. Su persistencia y elegancia "a la antigua" chocan con la modernidad, creando un contraste cómico y entrañable.
A través de coreografías, risas y la esencia de los grandes clásicos del merengue, la obra nos invita a reflexionar sobre el amor, la edad y el día a día, demostrando que para divertirse y enamorar, no hay fecha de vencimiento.
Como actor profesional, este personaje representó un reto físico y técnico sin precedentes: para dar vida a Ramón Anaxímenes, no bastaba con actuar, ¡había que bailar merengue de verdad! No se trataba de fingir unos pasos; eso habría sido faltarle el respeto al público y a la obra.
Asumir el papel principal significaba cargar con la responsabilidad de una coreografía que debía ser impecable y disfrutable. Esto me llevó a complementar los ensayos teatrales con meses de clases intensivas junto a una maestra de baile, trabajando sin descanso hasta alcanzar el nivel de exigencia que el director buscaba para el espectáculo.
El clímax de la historia dependía de ese baile final: era el momento donde Ramón debía triunfar y conquistar el corazón de Yiné. Con la ayuda de un vestuario impecable y al ritmo del clásico "Soy un hombre divertido" de Rubby Pérez, logramos que la esencia del merengue de los 80 venciera la modernidad del reguetón.
Al final, la magia ocurrió en esa fusión: demostrar que el carisma y el buen baile no tienen edad. Ver a Ramón ganar el amor de Yiné en el escenario fue la recompensa a meses de disciplina, recordándonos que un gran despliegue escénico es lo que realmente separa a un actor de un verdadero artista del espectáculo.
Fotografía capturada en el espectáculo Soy un Hombre Divertido
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