Fondo cinematográfico
INTERPRETADO POR FREE MARCANO

Harpagón

“Para ser feliz no hace falta dinero, hace falta MUCHO dinero.”

Teatro Clásico Ver video demostrativo
HISTORIA

El Avaro

La obra es El Avaro (L’Avare), la inmortal comedia de Molière. En ella, Harpagón un viejo viudo obsesionado con su dinero ve en cada persona una amenaza y en cada afecto una distracción costosa, desatando el caos por una cajita enterrada en el jardín.

La genialidad de Molière radica en mostrar cómo la avaricia convierte al hombre en su propia caricatura. Harpagón no es solo un tacaño; es un ser que ha reducido la vida a un cálculo mezquino, capaz de maldecir a su propio hijo por el costo de una cuerda.

A pesar de los siglos, esta comedia sigue siendo universal porque el absurdo de priorizar el oro sobre la humanidad no ha desaparecido. Reímos con incomodidad al verlo hablarle a su cofre como a un amante, porque sabemos que esa codicia todavía nos habita.

En esta producción, tuve el privilegio de protagonizar la obra, encarnando a Harpagón en todo su delirio, su ridiculez y su soledad, dándole vida a un personaje que es, al mismo tiempo, verdugo y esclavo de su fortuna.

Boris - atmósfera nocturna
Boris - retrato
Boris en el carrito
Este clásico del teatro universal fué una adaptación producida por la compañia teatral los 'lunáticos' y 'la Alianza Francesa' para la celebración del 400 aniversario del nacimiento su escritor Jean Baptiste Poquelin.
DETRÁS DE ESCENA

Construir al Avaro

Interpretar a Harpagon fue un desafío de exigencia absoluta: dos horas ininterrumpidas en escena, sin micrófono y sin poder abandonar el personaje. Transformé mi registro natural en un tono agudo y quebrado, proyectando la voz de un viejo decrépito hasta la última fila, manteniendo ese timbre vivo en cada regaño y queja sin ayuda de equipos de sonido.

La caracterización física fue meticulosa. Utilicé maquillaje con látex para la calva, integrando mi propio cabello teñido con canas para crear esa textura caótica de quien ha descuidado todo por una obsesión. Desde las cejas de vello postizo hasta la nariz aguileña y los lentes dorados, cada detalle, incluyendo la túnica de terciopelo fue diseñado para que el personaje se haga sentir desde su aparición.

Lo más complejo fue dominar un castellano antiguo lleno de giros arcaicos, rompiendo el ritmo con toques coloquiales para atrapar al espectador. Lograr que dos horas de función fluyeran entre risas y reflexión me confirmó que el éxito no está en el aplauso vacío, sino en calar en la mente del público, recordándoles que todos guardamos algún cofre secreto que nos hace temer y reír al mismo tiempo.

Carrito original usado en escena

Fotografía tomada durante una sesión previo al estreno del Avaro

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