“¡¿Pabilo o pabiló??!!”
El 31 de diciembre es una fecha de celebración universal, un umbral donde las culturas del mundo despiden lo viejo y abrazan lo nuevo. En el corazón de esta historia, las supersticiones, los rituales de prosperidad y la música decembrina se entrelazan para dar vida a una noche donde todo puede suceder.
La familia, liderada con mano firme por Carlos Flores, se prepara para el ritual sagrado del fin de año. Sin embargo, este 31 trae consigo una tensión particular: la hija mayor, tras cuatro décadas de soltería, ha decidido presentar a un médico que recién conoce, con la esperanza de que sea "el indicado".
Lo que comienza como una cena protocolar se transforma en un enredo hilarante cuando el invitado, en un giro inesperado del destino, cae perdidamente enamorado... pero no de la hija, sino de su mejor amiga. Todo esto sucede en medio del caos festivo, las uvas y los deseos de medianoche.
31D es un retrato cómico y honesto de las dinámicas familiares, donde las expectativas chocan con la realidad y donde se demuestra que, ni siquiera con los mejores rituales, se puede controlar los caprichos del corazón.
Dar vida a Carlos Flores fue una experiencia profundamente grata. Es un personaje que desborda honestidad y sencillez; un hombre alegre, amante de los brindis y transparente con su realidad económica. A pesar de la brecha generacional, logré conectar de inmediato con la visión del escritor para defender su historia en el escenario.
Lo que más me conmueve de Carlos es que veo en él el reflejo de mis propios familiares. Esa conexión personal me permitió habitarlo con una naturalidad especial, convirtiendo la actuación en un homenaje a mis raíces. No es solo un personaje; es alguien a quien entiendo y con quien me siento plenamente a gusto.
El proceso de caracterización fue fundamental: trabajar el maquillaje profesional para trazar las arrugas en mi rostro y colocarme las canas me permitió desaparecer para que Carlos surgiera. Es un ritual de transformación que disfruto enormemente, especialmente siendo esta la última presentación del año.
Encarnar a este patriarca se ha convertido en mi forma favorita de despedir el "año viejo". En esa última función, entre risas y enredos familiares, celebro no solo el cierre de un ciclo profesional, sino la alegría de haberle prestado mi piel a un hombre tan humano y entrañable como Carlos Flores.
Fotografía tomada durante una presentación 31D
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